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“Con la tarjeta siento que subí tres escalones”

  • Chicos y chicas que crecieron sin cuidados familiares cuentan ahora con una asignación económica a través de una tarjeta de débito.
  • El objetivo es lograr su autonomía progresiva, con acompañamiento y asesoramiento de referntes de SeNAF.

Córdoba reconoce un nuevo derecho para que los y las jóvenes que crecieron sin cuidados familiares puedan dar un paso más hacia la autonomía. Se trata del Programa de Acompañamiento para el Egreso de Adolescentes y Jóvenes sin Cuidados Parentales, (PAE) que otorga una asignación económica mensual (equivalente al 80% del salario mínimo, vital y móvil) a jóvenes de entre 18 y 21 años y que lleva adelante el ministerio de Justicia y Derechos Humanos.

Esta semana, un grupo de nueve chicos y chicas recibieron su tarjeta que los habilita a percibir su primera asignación económica. Cada uno de ellos cuenta con un referente que tiene como función acompañarlo, asistirlo y asesorarlo en el fortalecimiento de su autonomía en el trabajo, en sus estudios, en la recreación; en todo lo que implica una real ampliación de derechos.

Luli tiene 18 años y desde los 4 estuvo institucionalizada. Conoce el Sistema como nadie y reconoce que ahora se siente agradecida por estar donde está. Fue un camino largo y difícil. Estuvo en un hogar de monjas, en residencias, con familias sustitutas, con sus hermanas y en el último tramo, fue una de las que inauguró la Casa Autónoma para chicas que el ministerio de Justicia abrió en setiembre de 2018.

“A mí no me llamó la atención la plata sino el progreso que hice en estos años, es otro avance, siento que subí tres escalones”, reconoce cuando recuerda el día que le dijeron que ya estaba su tarjeta, con la que, a partir de ahora, cuenta para sus gastos.

Los chicos y chicas no están solos. El acompañamiento de referentes es una parte fundamental del Programa: 16 profesionales de la Secretaría de la Niñez, Adolescencia y Familia se capacitaron para poder participar. Florencia Martinich es una de ellas y empezó a transitar el camino de la autonomía progresiva junto a Luli. No se conocían y en poco tiempo construyeron una relación importante para el desarrollo de la joven.

“Cuando apruebo una materia la llamo a Flor para contarle”, dice Luli. La siente cercana, aunque de vez en cuando dice que le pone límites. “Ahora siento más el acompañamiento, antes quería hacerlo sola y ahora me doy cuenta de que, sin el apoyo de adultos, no podría salir adelante”. Sigue estudiando el secundario y va a estudiar trabajo social para ayudar a los chicos que tienen problemas.

Como explica otra referente, Mara González, la idea es acompañar a chicos y chicas en una autonomía progresiva. «Antes los jóvenes que salían de las Residencias, en el momento de salir, cesaba la protección del Estado. Ahora se piensa en términos de transición, se continuará acompañándolos en todas las áreas que hacen a su autonomía. Es una real ampliación de derechos», finalizó.

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